El sol estaba bastante alto y proyectaba tras él una larga sombra mientras avanzaba. Hubo un momento incluso, en el que quedó cegado y tuvo que ponerse la mano frente a los ojos mientras avanzaba. Fue un destello repentino, que pareció cegarle incluso con las manos protegiendo sus ojos. En cuanto las apartó de su cara se encontraba en un lugar fresco, con sombra. Lo más extraño es que sentía el calor del sol en su nuca, en lugar de en su rostro. Abrió los ojos lentamente y se encontró a los pies de lo que parecían los picos nevados que se veían al final del camino. Se volvió lentamente, algo temeroso, hacia lo que había dejado atrás y allí se encontraban los tres caminos de nuevo, pero aquello parecía el otro extremo del camino.
Apenas había estado andando un par de minutos ¿y había salvado aquella distancia? Erik sufrió un fulminante mareo que le dejó sentado en el suelo casi sin conocimiento, aquello no tenía ni pies ni cabeza, pero desde que encontró la solución a ese extraño enigma sabía que era algo así de descabellado, aunque no le encontraba explicación lógica. Al intentar levantarse para acercarse el petate, dio con la extraña sensación de familiaridad de algo duro bajo su mano. Pero en aquella ocasión era una llave algo más grande de lo normal, parecida a la primera, pero aquella llave era de piedra.
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