Buscó en el suelo alguna marca, pero sabía de sobra que los caminos que él tomaba, hacía mucho que habían dejado de ser transitados, no solía encontrar señales de carros o de cualquier persona que hubiera ido andando tranquilamente por allí.
Los árboles de todos los caminos eran iguales, todos estaban igual de libres de marcas, no había nada que los diferenciara… estaba perdiendo la paciencia. Apretó impotente las llaves durante un segundo y pronto dejó de pasear de un lado a otro frente a los caminos.
Los sueños que había tenido desde que era un crío no eran sueños al uso, no eran totalmente proféticos… siempre había tenido un margen de error, para cambiar los hechos, o quizás para interpretarlos. Nunca más, a partir del día en el que tuvo aquel accidente de niño, había comentado nada a nadie de aquellos sueños. A veces veía cosas que no conocía, cosas que sabía que vería. Otras, veía cosas que no eran del todo iguales a la realidad… era como verlas a través de un filtro o asemejándolas a otras ya sucedidas…
A veces sus sueños no mostraban un camino, si no el final de este, sin saber cómo lo había pasado. Y en aquella ocasión lo que tenía frente a él eran caminos que sabía que conducían a su destino, pero sin saber cuál era, sólo soñado con cosas que le habían ocurrido en el pasado, cambiando del todo su perspectiva, como si el inicio fuera el final. La primera llave sería la última… ¿y si…? Erik dio media vuelta y girando sobre sus talones fue a recoger su petate y se encaminó con paso decidido en la dirección contraria a la de las que marcaba la encrucijada.
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